No siempre las memorias de los ordenadores han sido chips, o el disco duro, sino que comenzaron por válvulas de vacío y, sobre todo, por los núcleos de ferrita, que supusieron un enorme avance en el almacenamiento de los grandes ordenadores más antiguos.
Uno de los avances más importantes y decisivos en la tecnología de la memoria de los ordenadores se produjo en 1952 cuando Jay W. Forrester (1918-2016), ingeniero del Massachusetts Institute of Technology (MIT), inventó la memoria de núcleo magnético (denominadas también, de forma equivalente e indistinta, memorias de ferritas). Era un dispositivo constituido por una matriz de multitud de minúsculos anillos de un material duro denominado ferrita, que tiene excelentes propiedades de imanación.
Imagen aumentada de una zona de una memoria de anillos de ferrita. Una de tales ferritas sobre la yema de un dedo, para hacernos una idea de su reducido tamaño.
Alrededor del núcleo toroidal de la ferrita se enrolla un cable que lleva la señal (bit). Se puede ver en la tercera imagen. Según hacia donde se enrolla el cable, nos proporciona un bit cero o un bit 1.
Esta tecnología permite apilar sucesivas capas constituidas por esos núcleos para guardar miles de bytes, a precios asequibles. Solo la llegada del disco duro magnético a finales de la década de 1960 y la tecnología de memorias basadas en semiconductores, desarrollada por Intel en la década de 1970, reemplazó las memorias de núcleo magnético como la tecnología de almacenamiento de referencia.
Las ferritas formaron parte de un conjunto más amplio de tecnologías, que sirvieron de puente entre las válvulas de vacío, la tecnología electrónica hegemónica en la primera mitad del siglo XX y la tecnología de semiconductores, que llegarían en las décadas siguientes; la tecnología de ferritas utilizó con notable éxito las propiedades magnéticas de esos materiales para realizar las funciones de almacenamiento de datos.



